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... Un lugar en el que se mezclan armoniosamente Historia, Actualidad y Sentimientos

Quiénes somos:

¿Qué términos podríamos utilizar para describir y sintetizar en la actualidad a los niños, jóvenes, mujeres, hombres, hermanos, tíos, sobrinos, abuelitos y demás miembros de nuestra familia...? ¿Cómo recordar apropiadamente a quienes  el Señor ya ha llamado al descanso?...

           ...con tres palabras: “ Amor, Valor y Perseverancia”.









 

 

 

 



 


Somos una familia cada vez más numerosa, que reconoce en su accionar sencillo y cotidiano, que el éxito está en relación directa con el esfuerzo que se hace y la manera como se lucha.  Nuestros mayores fueron mujeres y hombres que nacieron y vivieron gran parte de su vida antes que existiera:

La fotocopiadora,  la TV, los plásticos, las lentes de contacto, el fax y el Internet. Antes que los hornos microondas, que los secarropas automáticos y los acondicionadores de aire,

 Ellos vivieron en la sociedad cuando se podía comprar algo por cinco o diez centavos...

 

Indudablemente que el Espíritu de Dios iluminó a estos hombres y mujeres para darnos a cada uno lo que hoy tenemos: ese espíritu de familiaridad, de amistad, de unidad, ….y lo más hermoso! a Jesús en nuestras vidas.

Hoy en día, y por todas partes, oímos que el mundo está lleno de maldad y que el mal se manifiesta en todo lugar. Eso, sin embargo, no alcanza a opacar aquellas cosas agradables que la vida nos reserva. La vida nos reserva placeres y alegrías que compensan con creces todo lo que haya en ella de ingrato y desagradable. ¡No todo lo que nos rodea es malo, hay muchas cosas nobles! que debemos saber descubrir e incorporar de acuerdo con el aspecto ennoblecedor y bueno de la vida.

Hoy más que nunca antes, vemos a muchas personas que carecen de ideal, viven sin tener un propósito en la vida, sin haberse fijado un puerto al cual llegar. Alguien dijo alguna vez:  “... una vida sin ideal es como un día sin sol”. Y nuestros abuelos y padres lo sabían, por eso nos indicaron y enseñaron el puerto al cual cada uno de nosotros debe llegar.

 

Hace un tiempo me contaron una historia –en forma de parábola- que decía más o menos lo siguiente:

 

Había una vez, en algún lugar, (que bien podría ser Guichón!) un hermoso jardín  con manzanos, naranjos, rosales y otras bellezas... todos ellos felices y se veían satisfechos. Todo era alegría en el jardín... excepto por un árbol que estaba profundamente triste.  El pobre tenía un serio problema: No sabía quién era, qué fruto debía dar o de qué color debían ser sus flores!.

 - “Lo que a ti te falta es concentración” - le decía el manzano- “ si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas... ¿no ves lo fácil que me resulta a mí hacerlo?”.

 -“No lo escuches!...” - exigía el rosal- “ Es más sencillo tener rosas y son mucho más bellas!”

Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían; pero como no lograba ser igual a los demás, se sentía cada vez más frustrado y acomplejado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, ave conocida por su sabiduría, y al ver la desesperación del árbol se detuvo pacientemente para explicarle:

 - “No te preocupes, tu problema no es tan grave... es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra y yo puedo darte la solución: No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas... Sé lo que Dios quiere que seas, y para lograrlo, escúchalo y concéntrate exclusivamente en  El."

 - “¿Lo que Dios quiere que sea...?” - preguntó el árbol – “¿ cómo voy a saberlo...?”

Y entonces, cuando la quietud de la tardecita comenzaba a llenar el bosque,  comprendió que Dios nos habla desde la briza suave, desde una puesta de sol, desde el majestuoso silencio de las montañas... abrió su corazón, y pudo escuchar:

 - "Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer, ser grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje, madera fina al carpintero... Tienes una misión. Cúmplela".

Y el árbol se sintió fuerte, seguro y dispuesto a ser todo aquello para lo cual había sido creado.   Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos.  Y solo entonces el jardín entero fue completamente feliz. ... porque encontrar nuestro espacio nos da la seguridad de ser felices.

 

 Sí, en el jardín de la familia Cayrus-Davit hay manzanos, naranjos, robles, sauces y también hermosas rosas, margaritas, jazmines y más... ¡es un jardín feliz! porque todos saben quiénes son, a qué pueblo pertenecen y a quién dedican su vida y dones... porque para crecer y dar frutos en nuevas generaciones no hay nada mejor que nutrirse del ejemplo y los valores que nos dejaron nuestros mayores.

Plegaria por mi familia:

“Aquí nos tienes Señor, dobladas las rodillas
y el corazón contrito frente a tu grandeza,
para expresarte lo que sentimos en nuestro corazón
por esta querida familia Cayrus-Davit
a la que todos pertenecemos...
Venimos a agradecerte por los padres que nos diste
¡Cuánto te lo agradecemos!
Ningún don podrías habernos dado superior a ése.
Ni fama, ni poder, ni riqueza, pueden compararse
 con los padres que en bondad nos has dado.
Tú, que nada ignoras, sabes cuánto ha estado al alcance de ellos
para guiarnos por el camino del bien y de la honradez.
Ha llegado la hora, el momento de hacer frente
a las terribles marejadas de esta vida cada vez más turbias y peligrosas.

Por eso venimos a rogarte que,
frente a los dolores que tendremos que afrontar,
frente a las inquietudes, frente a las esperanzas y a las alegrías,
seas Tú nuestra protección y nuestra guía. Sólo Tú podrás aliviar las cargas.
Sólo en ti podremos encontrar la paz que sin duda nuestro corazón buscará intensamente.

Sólo Tú serás capaz de conducirnos sin peligro cuando nos veamos
forzados a marchar por la oscuridad. Cuando los demás pasen junto
a nosotros con demasiada premura, corriendo vanamente tras cosas
pasajeras, que podamos acomodar nuestro paso al tuyo y que tu
compañía nos dé el dominio de nuestro propio corazón.

Tú, que has dicho que eres el Camino, endereza el nuestro si aún está torcido.
Ayúdanos a caminar por sendas de seguridad y de bien...
 Ayúdanos a marchar con paso firme y seguro por las sendas del bien que hemos aprendido
y que nos enseñaron nuestros padres y abuelos. Ayúdanos a amar y a respetar.
No permitas que tentación alguna nos desvíe de la ruta segura que conduce al cielo...

Señor, que tu verdad nos dé el equilibrio necesario para hacer frente a las pruebas de la vida.
Que nos dé optimismo, confianza y fe en tu divina dirección...
 No te pedimos riquezas, ni una vida deslumbrante. Nos bastará una vida simple pero  honrada, que sea, por encima de todo, una vida plenamente cristiana.
Que poseamos un corazón sensible al sufrimiento ajeno,
que más que saber dar una dádiva, sepamos darnos a nosotros mismos.
¡Que haya alegría, sana alegría en nuestra vida!.
Que en nuestro corazón repiquen campanas de plata y gloria.
Que el sol de la mañana, esplendoroso y tibio inunde nuestra existencia.
Y que tu paz sea con nosotros a través de todos los días de nuestra vida.

Amén

 

( texto original:  Haroldo A. Martigani C. , abril 2002 / adaptación:  Susana Cayrus, noviembre 2007)