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... Un lugar en el que se mezclan armoniosamente Historia, Actualidad y Sentimientos

Historia de la Familia:
Los invito a rememorar algunos antecedentes y datos de quienes forman la familia Cayrus-Davit a través de más de un siglo de historia....

El origen del apellido:

Según datos aportados por un conocedor de la heráldica y la idiomática, un médico libanés llamado Abdalá, quien durante varios años estuvo radicado en la provincia de San Luis (Argentina), el apellido Cayrus proviene del francés Queiros, y su antigüedad se remonta a la época de la tercer cruzada de la guerra santa, por el año 1200 de nuestra era. Según la tradición, siendo Saladino sultán de Egipto y Siria, fue el héroe musulmán de la tercera cruzada y como ganador de la misma otorgó un permiso a ciertos soldados de apellido Queiros para que se radicaran en el Líbano.  Estos soldados permanecieron entonces por aquellas tierras, allí se casaron y adoptaron el apellido Kairus que significa “siervo de Alá”.

Perdemos su rastreo hasta el año 1500 en que figura un tal Pedro Cayrus (nótese que está escrito igual al nuestro) que casado en Francia se trasladó a vivir a los Alpes. De ahí nuevamente perdemos la pista hasta el año 1847, cuando nace en Italia don Juan Pedro Cairus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Remontémonos, en alas de la imaginación y el recuerdo de historias oídas, al año 1875 y nos encontraremos en los valles piamonteses de la alta Italia, coronada de hermosas montañas  cubiertas de nieve en los meses invernales, o de un verdor suave salpicado de rojas flores y violetas alpinas, bajo un cielo azul que se refleja en los ríos y lagos... En el fértil valle de Villar Pellice, provincia de Turín, vivían dos familias de origen valdense cuyas casas estaban separadas por unos pocos kilómetros, pero sus habitantes se sentían unidos por el mismo fervor religioso que caracterizó a los valdenses de esa época.  Con pureza y sencillez se reunían semanalmente en la pequeña capilla de Villar Pellice, donde adultos, jóvenes y niños, unían sus voces en cantos de alabanza al Creador; lugar en donde también se estrechaban vínculos sociales y se compartían problemas y alegrías del diario vivir.

Una familia sencilla:

 Una de estas familias estaba compuesta por el padre, Juan Pedro Cairus, nacido el 11 de febrero de 1847, casado con María Fontana, nacida el 13 de octubre de 1844, de cuya grata unión nacieron tres hijos: David, Juan Elías y Margarita, quien dejó este mundo en los días de su juventud, sumiendo en  tristeza y dolor a sus padres y hermanos, quienes buscando el consuelo en la Palabra de Dios comenzaron a asistir a una serie de reuniones religiosas en ocasión en que la señora Elena G. de White predicaba en el alto Piamonte italiano.  Esto sucedía en el año 1886, cuando Juan Elías contaba con unos nueve años de edad, pues había nacido el jueves 10 de mayo de 1877. Su hermano David pisaba ya los juveniles 14 años.  Al notar que lo que allí se enseñaba no correspondía con las doctrinas valdenses, pronto los padres dejaron de interesarse y de asistir a las disertaciones, no así los jóvenes, quienes siguieron estudiando con los hermanos Bordeau, especialmente cautivados por las doctrinas relacionadas con el sábado como día de reposo y el estado inconsciente de los muertos.  Cuando presentaron estos temas a sus padres éstos se opusieron enérgicamente a tales ideas, de manera que ambos jovencitos hicieron planes de escaparse a Francia con el fin de ser leales a los principios bíblicos estudiados y a sus conciencias.... pero no pudieron hacerlo ya que el día planeado para la huída amaneció tormentoso y una fuerte nevada les impidió el paso de los Alpes.  Siguieron, pues viviendo con sus padres en Villar Pellice y estudiando; primeramente terminaron la escuela primaria, siguieron con el liceo, pues era el sueño de sus padres que sus hijos llegaran a ser pastores.

 La otra familia que vivía allí por esa época, estaba formada por Pablo Davit, casado con Constancia Grand y sus hijos. Estos eran: Paul, Jean, Madlene, Marie, Constanza y Esteban.  Sus primitivas y sencillas vidas en aquellas fuertes casas de piedra, se deslizaba sin grandes cambios...

(en la sección “ANÉCDOTAS” les contamos cómo se enamoraron Juan Elías y Constanza, los viajes que los separaron un tiempo y cómo se fue afianzando su amor hasta el reencuentro)

El nuevo hogar:

 Luego de largos meses de separación geográfica, Constanza y Juan Elías se reencontraron  en el bello Piamonte, bajo el puro cielo de Italia, contemplando de nuevo los verdes y ondeantes valles, el triscar (retozar) de los corderos y escuchando el dulce canto de las aves, que parecían celebrar el feliz encuentro. Seguros de su amor fijaron la fecha de su boda para el sábado 19 de noviembre de 1898.  Ese frío día, a las 13.30 hs., se dirigieron acompañados de padres y vecinos a la Casa Comunal de Villar Pellice, y allí sellaron su pacto rogando la bendición de Dios para su nuevo hogar... Elías tenía 21 años y seis meses, y Constancia, con 20 años y diez meses. Jóvenes, enamorados, fuertes y entusiastas planearon sus vidas futuras criar una buena familia... trabajar... En ese entonces pensaron que doce hijos sería un buen número... y estos deseos se cumplieron, como lo veremos más adelante.

                   Foto de los Abuelos Elias y Constanza

 

 

 

 

 

 

A los diez meses de casados, el 17 de septiembre de 1899, en la cuna que el mismo padre le preparó, ya se hacía oír una robusta y hermosa nena a quien bautizaron con el nombre de María Elena.

 Buscando horizontes a través del mar

El trabajo era rudo y pesado… muchas veces escucharon con interés noticias halagüeñas de América: que allí se prosperaba... que la vida era fácil... que el clima y los campos eran buenos... y que se obtenían abundantes cosechas. Lo que al principio sólo eran comentarios llegó a interesarlos tan vivamente que -después de mucho pensarlo- hicieron planes de abandonar Italia y probar fortuna en estas tierras. Algunas familias valdenses ya habían viajado desde aquellas provincias italianas al Uruguay,  entre ellos algunos parientes de Constanza (la familia Negrín) y otros grupos que se habían establecido en Colonia y también en la región de San Gustavo (provincia de Santa Fe, Argentina).

 Partieron desde Génova - hermoso puerto italiano- acompañados de algunos familiares... de allí se dirigieron a Marsella donde transbordaron al vapor “Italie” que hizo la travesía hasta Montevideo, con muy pocas escalas en 21 días de mar.  Desembarcaron en el puerto de Montevideo el 9 de octubre de 1900... aunque no entendían nada del español (hablaban solamente francés, italiano y “patuá” – el dialecto valdense-), lograron hacerse entender:  querían viajar hasta la colonia de los valdenses en el departamento de Colonia.   Durante varios meses la joven familia se alojó con los Negrín –tíos y primos de Constancia- mientras Elías buscaba dónde vivir y trabajar... Allí nació Juan Emilio, el segundo hijo, el 7 de febrero de 1901:  cuatro meses después de llegar a tierras uruguayas.

Un nuevo comienzo

 Pronto pudieron comprar una pequeña chacra cerca de allí que contaba con algunas pequeñas habitaciones de ladrillo cimentado con barro y techo de paja. La zona recibía el nombre de “Colonia Piamontesa” y se situaba cerca de las  arenosas playas del Río de la Plata. A principios del año1904 llegó desde Italia la triste noticia del fallecimiento de don Juan Pedro Cairos (padre de Juan Elías)... en la carta, la abuelita María pedía que la fueran a buscar pues se había quedado sola.  Así, Juan Elías viajó a Italia regresando con su madre que a la sazón tenía 57 años... desde ese día y hasta mayo de 1939 (fecho del fallecimiento de María Fontana) siempre vivió con ellos.

A todo esto, entre ida y vuelta a Italia, el joven papá demoró algo más de tres meses... y en ese interín, el 3 de abril de 1904, nació la cuarta descendiente: Paula Constancia.  Al año siguiente se trasladaron a Colonia Valdense.  Esta colonia era más grande y progresista que la anterior, a pesar de estar a pocos kilómetros de distancia.

Elías fue siempre muy activo en la iglesia a la cual pertenecía – la Iglesia Valdense- y se preocupó mucho pues comenzó a notar que muchos niños y jovencitos de por allí crecían sin ir a la escuela ¡porque no la había ninguna escuela en los alrededores!... entonces,  como había estudiado y le gustaba el magisterio,  con la ayuda del pastor Armand Ugón estableció en Colonia Valdense una de las 9 escuelas que sostenía la iglesia valdense en Uruguay.  

Como cada año o año y medio, un nuevo vástago llegaba para alegrar el corazón de los padres y hacer crecer a la laboriosa familia, para la época en la que se desempeñó como maestro de la escuela valdense, Elías ya tenía media docena de hijos.

Rumbo a “El Miguelete”

En 1909 el gobierno uruguayo tomó intervención de las escuelas valdenses, pasando a ser escuelas del Estado y con la exigencia de que los educadores tuvieran completos sus estudios de magisterio.  Como Elías no tenía ningún diploma que lo acreditara como maestro, dejó de enseñar, dedicándose entonces a cultivar la tierra.

Por ese entonces se colonizaba la estancia “El Miguelete” con fracciones de 100 cuadras... don Pablo Plenc entusiasmó a Elías para que viajara hasta esa localidad y se anotara como comprador de una fracción. Eran buenas tierras, pero solo había campo... había que encarar la tarea de alambrar y construir las viviendas que fueron primeramente un gran galpón, con paredes y techos de cinc, y más tarde se levantaron los ranchos de paja y terrón. Para el otoño de ese año pudieron hacer la mudanza, quedando en Colonia Valdense Elena y gran-mamá (María), a fin de que Elena pudiera terminar la escuela primaria a la vez que permanecía en aquella chacra que aún no había sido vendida. Realmente Elena quería estudiar para ser maestra pero al siguiente año no pudo regresar a Colonia Valdense para asistir al liceo pues había mucho trabajo en casa y una nueva hermanita que cuidar:  Lelia.

Hojeando una revista

Más campo, más animales y pocas comodidades multiplicaban los trabajos.  Emilio, el hijo mayor, sólo contaba con nueve años pero no pudo asistir más a la escuela pues era quien debía secundar a papá Elías que sufría a menudo fuertes ataques de jaqueca. Sin embargo, pese al duro trajín de la semana y a sus problemas de salud, no faltaba jamás a la iglesia los domingos.  Ahí, en Colonia Miguelete con toda su familia – tal como anteriormente en Colonia Valdense- fue fiel dirigente: creó con todo el vecindario valdense la “Unión Cristiana”, que sesionaba semanalmente.  Fundó la escuela dominical, un coro evangélico y -cuando las circunstancias lo requerían- actuaba como pastor.

Corría el año 1914 cuando, en la casa del comerciante mayorista Sr. Cister,  mientras esperaba para ser atendido, vio sobre el mostrador una revista que le llamó poderosamente la atención: era “El Atalaya” (revista que luego se llamó “Vida Feliz”, publicada por ACES). Elías comenzó a hojearla y para su gran sorpresa  encontró que uno de sus artículos se refería específicamente al sábado como el verdadero día de descanso. ¡Sus pensamientos volaron a Italia! a la época de su adolescencia, cuando había oído a la Sra. Elena de White y a otros predicadores hablar del sábado de Dios como el día de descanso y de la observancia leal al cuarto mandamiento... Con cierta emoción preguntó al dueño del comercio dónde o quién le había dado esa revista... y también le pidió que le permitiera llevarse a casa esa publicación. La revista había sido dejada en ese comercio por Daniel Rivoir, a fin de compartir con otros aquellas verdades que él ya había abrazado con fidelidad.  Este hermano Rivoir se había enterado del cumplimiento de algunas profecías bíblicas, y creyendo que la guerra mundial del año 1914 era el fin del mundo, viajó aterrorizado a Montevideo a fin de cerciorarse con los creyentes de las verdades bíblicas relacionadas a este evento y de esa manera se había provisto de varias revistas Atalaya que luego repartió en diversos lugares.  Después de leer y releer el artículo referido, con verdadero entusiasmo y renovado espíritu de oración Elías estudió su Biblia.  Se concentraba especialmente  en el tema del día de reposo, hasta que -plenamente convencido- el domingo 8 de julio de 1915 después de regresar de la escuela dominical  tomó una importante resolución: durante el habitual culto vespertino y estando toda la familia reunida, dijo a su madre, a su esposa y a sus hijos: “A partir de esta semana el sábado será mi día de reposo, pues considero que así lo enseña la Palabra de Dios... No exigiré a ninguno que me siga en esta decisión, pero espero que cada uno lo medite y realice su propia elección personal...” Constanza no aceptó esta nueva costumbre pero tampoco se opuso.  Al sábado siguiente (15 de julio de 1915), sin saber si había otras personas en Uruguay que hicieran lo mismo, Elías reunió a su familia para celebrar su primer culto sabático con himnos, oración y estudio de la Palabra de Dios.  Bien podríamos llamar a esta reunión: la primera escuela sabática de la familia Cayrus.  Pese a estar guardando el sábado, no se retiró de la iglesia Valdense: le resultaba muy duro separarse de sus colaboradores de tantos años y estaba seguro de que habría allí miembros sinceros pero con creencias erróneas, y sentía que debía mostrarles las preciosas verdades que él había encontrado hojeando aquella revista.

Dando pasos importantes

Durante casi un año y medio, Elías guardaba el sábado conforme al mandamiento bíblico, y con verdadero celo misionero continuaba dirigiendo la escuela dominical y celebraba reuniones familiares donde - cautelosamente al principio - iba presentando temas doctrinales tales como:  el estado de los muertos, el verdadero día de reposo, la segunda venida de Cristo, etc. Mientras tanto, hacía esfuerzos para relacionarse con los editores de la revista “El Atalaya”, y así llegó nuevamente a establecer un contacto con los adventistas. El primero que contestó una de sus cartas fue el pastor Perry, y poco tiempo después el pastor J. T. Thompson, con quien mantuvo una correspondencia muy activa.  A través de él se enteró que se celebraría un congreso de la iglesia adventista, y decidió asistir junto con algunos amigos que también se habían interesado en el tema del sábado; entre ellos se encontraban don David Salomón y don José Cairus (padre del pastor Humberto Cairus), quien en esa ocasión decidió observar el sábado como día de reposo. Entusiasmados por las  perspectivas de hacer obra en Colonia Miguelete, los pastores J.T. Thompson y H. Hansen comisionaron a Elías para que encontrara un salón donde celebrar conferencias. Con ese propósito se alquiló el 15 de mayo de 1917 una de las grandes salas de la estancia de Bonjour, y las conferencias empezaron poco después.  Para ese entonces, ya muchos hermanos valdenses residentes en la colonia estaban preocupados por la deserción de sus filas de Elías, que siempre fue un activo dirigente y entusiasta colaborador, y comenzaron de una manera bastante alarmante a hacerle el “vacío”. En varias ocasiones, y en diversas sesiones de la “Unión Cristiana”, predicadores sugerían que allí estaban los “peligrosos sabatistas”. Sin embargo, como ese era el único cargo que se le imputaba, tanto Elías como el resto de su familia seguían asistiendo a la escuela dominical, con el anhelo sincero de mostrarles que no eran rebeldes, sino que querían seguir las pisadas de Jesús y las enseñanzas de Su Palabra.  Pero un domingo... sucedió lo que tenía que suceder.

 

Cuando borraron su nombre...

Elías –además de maestro de la escuela dominical-  era el director de canto de la iglesia valdense... pero aquel domingo, alguien malintencionadamente propuso que cantaran el himno: “Hoy es día de reposo, día santo de solaz”. Todos buscaron en silencio el himno en sus cancioneros impresos... Hubo un momento de expectación seguido de un incómodo silencio, entonces con voz clara y segura Elías dijo: “Agradecería que la persona que eligió este himno pase a dirigirlo. Mi conciencia no me permite decir hoy estas palabras...”  Muchas cartas y entrevistas recibió Elías en las siguientes semanas;  los más renombrados pastores valdenses lo invitaban a volver atrás con su decisión, pero ésta era firme y segura;  nada lo hizo vacilar, y así en solemne convocatoria fue eliminado su nombre del registro de la iglesia valdense... corría el mes de agosto de 1917..

 

Septiembre de 1917: primavera y nuevas alegrías

La correspondencia de Elías con los pastores adventistas seguía.... Estaba vinculado especialmente con el pastor Thompson quien se decidió de visitar Colonia Miguelete.  El plan se concretó el sábado 15 de septiembre de 1917, día en que se organizó formalmente la Escuela Sabática en casa de Elías y Constanza.

Enterado por una carta de los hermanos de Montevideo, dirigentes de la Misión Uruguaya de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, viaja junto con don David Salomón y con sus hijos Elena y Emilio hasta la ciudad de San José... el viaje se realizó en la “jardinera” y los camilos estaban en muy malas condiciones;  pero con gran alegría ellos pudieron participar de un Congreso  en el que conocieron a varios hermanos adventistas, entre ellos a la familia Ernst, al pastor A.R. Sherman y al colportor don Miguel Dreher.

Como la gran preocupación de Elías era de que ya no le era posible vivir en paz y armonía con los vecinos de Miguelete (algunos ni siquiera le permitían cruzar por sus campos) y al mismo tiempo ser leal a su conciencia de observar todos los mandamientos de Dios y así enseñarlo a su familia, buscaba diligentemente algún otro lugar de trabajo. Hizo muchos viajes, especialmente por los departamentos del sur: Colonia, Soriano y San José, pero sin resultados satisfactorios. En estas idas y venidas se entrevistó con muchas personas, por lo que se enteró de que en los departamentos del Norte y litoral, se estaban fundando colonias agrícolas, especialmente con emigrantes rusos, por lo que decidió viajar hasta Paysandú –recorrido que se realizaba en tren, pasando por la ciudad de Mercedes-  a fin de conocer personalmente esos lugares y constatar si era posible la adquisición de tierras para mudarse pronto con su familia.  El 7 de septiembre de 1918 nació el undécimo hijo: Esli Eber (Lito).

 

En el horizonte, ¡Guichón!

Elías estaba deseoso de volver a casa, pero ve un aviso del diario que anuncia tentadoramente que en Guichón hay posibilidades de arrendar mil cuadras de la estancia “La Guarida” de don Pedro Giró. ¿Qué hacer...? La fatalidad fue la que determinó el asunto... Había resuelto volver a Colonia Miguelete, pero a pesar de que el caballo marchaba a buen trote, llegaron a la estación del ferrocarril de Porvenir para ver que a lo lejos la columna negra de humo del tren que se alejaba... El jefe de la estación de todas maneras le dijo que unas horas después saldría un tren para Montevideo, que pasaría por Guichón, así que pagó el boleto y esperó. Era el único pasajero y tenía a su disposición tres vagones de segunda clase y uno de primera en el que cómodamente se instaló a pensar... En Algorta subió un joven con el que pronto comenzaron a conversar.  El mozo era de Guichón, así que lo acompañó a encontrarse con el dueño del campo.... ¿En síntesis?, al día siguiente nomás firmaron el contrato de arrendamiento de mil cuadras.  Ahora solo restaba regresar a Colonia Miguelete y comenzar a planear la mudanza a Guichón antes del invierno... el calendario anunciaba que era 30 de marzo y había mucho para hacer:  vender animales, vender el campo, hacer preparativos...  El 16 de mayo, antes de la salida del sol la familia ya estaba lista para partir. Con todos los “paquetes” y bolsos preparados, se arrodillaron para pedir la protección y compañía de Dios, y emprendieron el viaje rumbo a Guichón...

 

Por aquellas épocas, la numerosa familia que habían formado Elías,y Contanza y sus 11 hijos, no imaginaban cuánto significaría en la vida de los cientos de descendientes que llegarían después, este viaje a Guichón.

 

El martes 3 de junio desde las alturas de la cuchilla de Haedo, que separa los departamentos de Paysandú con Río Negro, la familia Cayrus pudo divisar por fin el poblado de Guichón.

La familia se instala en el campo guichonense

A los pocos días de llegar los niños que estaban en edad escolar comenzaron a asistir a clases... y esto también fue un problema al principio, ya que hablaban “poco y nada” de castellano, ¡porque en la casa paterna se continuaban utilizando los idiomas del Piamonte!  Inmediatamente todos comenzaron a trabajar afanosamente en el campo a fin de levantar los ranchos... Algunos buenos vecinos de Guichón prestaron algunas chapas de cinc, para que tuvieran algún techo los que allí trabajaban. En un principio eran solamente cuatro piezas de terrón, techadas con cinc, separadas por un patio que más tarde se edificó, uniéndolos así en un solo edificio.

 

La distribución de la “casa de los Cayrus” correspondía a este bosquejo :

 

 

 



 

Tan pronto como se pudo se edificaron las tres piezas que se indicaron con líneas punteadas, así como varios galpones en las cercanías.

 

Todo tiempo es bueno para ser solidarios

A fines de 1919 y a principios de 1920, en un arreglo con don Juan Niel (padre) se formó una medianía para la fabricación de quesos y manteca. Al principio -y hasta tener todo instalado para la quesería- se compró una desnatadora “Alfa Laval” movida a fuerza de pulmón... durante el tiempo en que solamente se comercializaron la crema y la manteca, los miembros de la familia Cayrus regalaban la leche descremada a la gente pobre de Guichón... ¡todo tiempo es bueno para compartir las bendiciones!

Superando adversidades

El miércoles 18 de febrero de 1920, un día caluroso, bochornoso, de viento norte que presagiaba tormenta... a la hora de la siesta se oyó la voz de Elena gritando: “¡Fuego, fuego en la quesería!...” una centella había caído en el extremo norte del galponcito anexo a la quesería, y en menos tiempo del que tardamos en  relatarlo, la electricidad corrió por los alambres del quinchado de los techos de paja, y el sótano, la quesería y la despensa estallaron en llamas.  Se hizo todo lo posible por salvar algunas cosas... pero fue muy poco... tan solo la “jardinera”, una media bolsa de harina y 2 quesos que estaban cerca de una ventana.  Mamá Constancia tan solo atinó a salvar a 2 pequeños gatitos que así se libraron de morir quemados... De los 300 o más quesos que había, tal vez alrededor de 40 pudieron ser aprovechados, aunque les quedó el gustito a quemado... Ese día había un remate-feria cerca de allí y al ver las “llamaradas en el rancho de los gringos”, llegaron los guichonenses para ver en qué podían ayudar...pero fue inútil, ya todo estaba convertido en carbón y ceniza.  Aunque todo se perdió resaltó el espíritu de solidaridad entre los que allí se reunieron, pues inmediatamente se ofrecieron para ayudar de diversas maneras, levantando una colecta unos y otros dando madera o paja para reedificar lo destruido por el fuego. 

Reconstruida la quesería y ya todo nuevamente ordenado se trabaja tanto en la fabricación de queso como de manteca; de la Sociedad de Publicaciones de la Misión Adventista en Montevideo, se consiguen varias suscripciones y números sueltos de la revista “El Atalaya”, que papá Elías envió durante varios meses a los donantes de la colecta que se hizo en ocasión del incendio.

El 12 de julio de 1922 nació Inesita, completando así el número de hijos que habían planeado tener... ya eran 12... 5 varones y 7 mujeres.  

¡Nos mudamos a Colonia Pintos Viana!

1922 fue también un año trascendental en negocios. A unos 12 kilómetros de Guichón, las grandes estancias de “La Gloria” y “Santa Isabel” (pertenecientes al Sr. Alfredo Pintos Viana) iban a dar paso al progreso y al desarrollo de la agricultura, colonizándose especialmente con un numeroso grupo de inmigrantes rusos, y algunas otras familias inmigrantes que ya se habían radicado en colonias cerca de Paysandú.  Papá Elías convino en comprar por medio del Banco Hipotecario, 3 fracciones de campo junto con el viejo casco de la estancia Santa Isabel.  Era ésta una  casona de piedras compuesta de 8 habitaciones con ventanales de gruesos barrotes y un gran comedor. Además tras el patio chico, había otras edificaciones para la servidumbre, y más allá inmensos galpones, caballerizas, bretes y corrales. Tan pronto como le fue entregada, la familia solía trasladarse allí por una semana o más a fin de empezar los trabajos, aún cuando seguían trabajando todas las chacras en los campos de Guichón.

A medida que los emigrantes rusos que habían comprado campo en la colonia llegaban con su carros, sus enseres y sus familias para tomar posesión de sus chacras, Elías -que siempre fue muy hospitalario y ya conocía a varios de ellos- les ofreció que se quedaran a vivir en las dependencias de los alrededores de la estancia, mientras levantaban sus propias viviendas. Allí estuvieron durante semanas y hasta algunos meses, muchas familias cuyos nombres recordamos, tales como Racowski, Gordienko, Mazur, Oleynik, Clemenco, Dreher, Raico y otros que sería largo enumerar...

La iglesia adventista de Guichón

Con  muchas de estas familias -que eran adventistas- y otras que eran sabatistas, durante muchos años la familia Cayrus se reunía los sábados para celebrar la escuela sabática, la sociedad de jóvenes... o simplemente para cantar, cosa que a los rusos les gustaba mucho. Los jovencitos  aprendieron varias canciones en ruso ¡y las interpretaban con entusiasmo!, llenando de emoción y recuerdos a los mayores... Estas familias, juntamente con los integrantes de la familia Cayrus-Davit, fueron los fundadores de la Iglesia Adventista de Guichón, que hoy posee un hermoso templo ubicado en una concurrida avenida de la ciudad ... y que comenzó humildemente con un puñado de fieles familias que se reunían alternativamente en los hogares para adorar a Dios y agradecerle su permanente compañía.

 

Los recuerdos más tristes, el dolor más profundo y la esperanza de que la despedida será solamente “... hasta que Cristo vuelva”

El año 1923 es recordado por todos los hijos de Elías y Constancia como el más triste de su experiencia. Fue un año de muchas enfermedades y complicaciones:  un simple resfriado se transformaba pronto en congestión, pulmonía o pleuresía. Había pocos remedios y escaseaban aún más los poquísimos antibióticos que existían...  Primero enfermó gravemente Elena y pronto caían enfermos también papá Elías y el hijo mayor: Emilio.  Todos los mayores... y todos estaban graves.  La fiebre era alta... deliraban... y a veces perdían el conocimiento... Día y noche había que estar al lado de la cama de cada uno de ellos. El Dr. Rafael Pazos, médico de la zona, los atendía lo mejor que podía esperarse en aquellos tiempos y en ese lugar.   De esos durísimos tiempos, recuerda Alda con mucha tristeza:   “...No sé qué remedio tomaban por vía bucal cada 2 horas, pero no puedo olvidar esas largas hileras de ventosas en la espalda que dejaban horribles marcas moradas y en algunas ocasiones sacaban gotas de sangre... Como papá no era muy fuerte físicamente y además estaba agotado por el mucho trabajo, las enfermedades de la familia, las noches sin dormir y las deudas que se multiplicaban, la enfermedad hizo crisis en él.  No podemos comprender por qué Dios permitió el desenlace fatal, pero nuestra fe y nuestro consuelo estaban fundamentados en Dios, especialmente al ver el valor cristiano con que papá veía que su fin se aproximaba... Con toda su confianza depositada en el bondadoso Padre Celestial, el 12 de julio de 1923, día en que Inesita cumplía su primer año de vida, nos llamó a todos junto a su lecho de dolor para dar las últimas instrucciones y recomendaciones, y despedirse de todos hasta el glorioso día de la resurrección... Emilio y Elena estaban convaleciendo y también para ellos dejó su mensaje: A los mayores les recomendó muy especialmente por mamá, por abuelita (su madre) y por los hermanos menores, exhortando a todos a permanecer unidos, vivir vidas cristianas ejemplares, cumpliendo en todo con la voluntad de Dios... Luego nos abrazó y besó a todos, dando aún a cada uno por separado su último consejo y amonestación. Recuerdo que a mí, que tenía diez años me dijo que fuera buena, y citó Apocalipsis 2:10, la última parte: “Sé fiel hasta la muerte y Dios te dará la corona de la vida”,  texto que repito desde entonces sintiendo en mí el vivo deseo de que así sea... Que el Señor me ayude a ser fiel hasta el fin...”  Siendo un ejemplo de genuino cristianismo hasta su último minuto de vida, Elías, después de despedirse de todos los que estaban presentes ese día en su casa, entonó las estrofas de un himno que está en los viejos himnarios adventistas y cuya letra nos habla claramente de la esperanza que había en su corazón:

“Sobre nubes refulgentes, vendrá nuestro Salvador

Con poderes sorprendentes de ángeles en derredor...

Y ascendamos todos juntos, hasta el trono del Señor

Aleluya, aleluya. Ven del cielo, oh Señor”.

 

Podemos imaginar una voz un tanto débil, golpeada por la enfermedad, pero un espíritu tan fuerte que traspasa las fronteras del tiempo y los lugares para dejar en nuestros ojos –al leer una y otra vez este relato- la luz que solamente brilla en las vidas de quienes buscan la conducción de Dios y viven con rectitud y amor permanentes. Pocos momentos después, en intensa agonía entró en estado de coma y ya no conoció ni habló con nadie.  El 14 de julio de 1923, exactamente el mismo día en que había guardado su primer sábado como día de descanso, su vida se apagó completamente.

La tumba de Elías J. Cayrus está en el cementerio de Guichón, donde hoy también descansa su madre (gran-mamá), su esposa Constanza, hijos, nietos, y otros familiares que Dios ha ido llamando al descanso a través de los años y a quienes despedimos solamente “... hasta que Cristo vuelva”.

Un nuevo hogar ¡cerquita del Santana!

Fueron años de duro trabajo, si se quiere de pobreza material, pero siempre trabajando unidos; la confianza puesta en el Padre Celestial que no permitió que alguna vez nos faltara el alimento para que los niños de la familia fueran creciendo saludables.

Los años pasaron rápidamente. De acuerdo a lo ya programado por papá, la familia se trasladó a vivir en la vieja estancia “Santa Isabel”, a orillas del arroyo Santana.  Mamá Constanza, siempre generosa y hospitalaria, buscando el bien de la comunidad, ofreció tres de las mejores piezas de la vieja estancia para que funcionara la escuela de gobierno de la floreciente colonia, y para que allí pudiera vivir la maestra. Así nació la Escuela Nº 44, lugar al que concurrieron a recibir la educación inicial unos 40 revoltosos niños, la mayoría “rusitos”... llegaban cada día a la escuela de los cuatro puntos cardinales de la colonia: a pie, a caballo, con carritos de pértigo o en cualquier otra forma imaginable.... Durante muchos años funcionó allí la escuela hasta que el Banco Hipotecario levantó el edificio donde se encuentra actualmente la escuela de la Colonia Pintos Viana.   Pero la vieja estancia Santa Isabel no solo daba albergue a la escuela, a las maestras y al enjambre escolar, sino que los sábados se transformaba también en Iglesia Adventista donde se reunían todos los miembros del lugar para celebrar la escuela sabática y el culto divino.

Los mayorcitos ya forman sus propios hogares

...Y los años seguían su carrera sin detenerse y poco a poco los mayores fueron haciendo planes concretos para fundar sus propios hogares.  Los primeros fueron los mayorcitos: Elena Cayrus y David Plenc, que levantaron su rancho en la ladera del campo de don Toribio.  El almanaque indicaba el 6 de marzo de 1924.  Al año siguiente fue Emilio quien levantó vuelo para formar su nido, aunque todos siguieron trabajando juntos... y los años fugazmente pasaban... Los pajarillos de la familia, que ya veían sus alitas crecidas, ejercitaban sus primeros aleteos alejándose un poco del hogar paterno, ya sea para fundar sus nuevos hogares o para otras actividades. Por ejemplo: Lelia que había hecho el sexto grado en Paysandú, fue a enseñar en lo que llamaban en ese entonces “escuela auxiliar” ubicada en la colonia de inmigrantes rusos, donde había varias familias conocidas y no había ninguna escuela a la cual pudieran enviar a sus niños.   Así, Lelia pasaba allí los meses del año escolar acompañada por alguna de sus hermanas, generalmente Paulina o Alina.  Para 1934 había cuatro hermanos casados: Elena, Emilio, Enrique y Alina...¡ y los sobrinos ya sumaban 12!

Los años siguieron inexorables en su marcha...y todo iba cambiando. Ya eran más frecuentes los viajes a la Argentina y más lejos.  En 1936 se casó Alda y viajó con su esposo a Cochabamba, Bolivia, como misioneros.  Por su parte, Benoní viajó a Norte América y luego llegó a Europa y Tierra Santa. Varios otros miembros de la familia realizaron viajes similares. Casi todos ya tenían su propio coche motorizado que suplantaban poco a poco a los carros y caballos. Empezaron a rugir los tractores y las cosechadoras, haciéndose el trabajo con más rapidez y mucho menos personal. Y... seguían los casamientos y la llegada de nuevos sobrinos, que eran el tema favorito de los padres y el orgullo de la buena abuela.

Las estadísticas demuestran que en el transcurso de 23 años (1899-1922) nacieron los 12 hermanos Cayrus; en el transcurso de 17 años (1924-1945) se casaron todos; en el transcurso de 37 años (1924-1961) nacieron los 55 primos entre sí, de los cuales son 29 varones y 26 mujeres.

Otro dato:   el primer bisnieto de Elías y Constanza nació en 1946

A partir de ahora podemos definir a los 55 primos como la PRIMERA GENERACIÓN (es decir, los hijos de los 12 hermanos Cayrus-Davit), la SEGUNDA GENERACIÓN está compuesta por los bisnietos de Elías y Constancia, la TERCERA GENERACIÓN son sus tataranietos, y aún la familia se extiende pues en este momento ya hay integrantes de una CUARTA GENERACIÓN y también de una joven QUINTA GENERACIÓN de la familia Cayrus-Davit, todos descendientes de aquel matrimonio de inmigrantes italianos.

La voz de Constanza se apaga

Alda recuerda aquel 12 de enero de 1975: “... estábamos nuevamente los 12 hermanos reunidos, como cada año en esta fecha, pero esta vez rodeando la cama donde yacía mamá, cumpliendo 97 años y viendo esta vez como poco a poco, sin exhalar una queja, aquella vida se iba apagando... A media mañana, mientras yo estaba sentada junto a ella, con sus queridas manos entre las mías, con Enrique y Benoní también allí... Beno tomó la Biblia, mamá lo miraba, y él comenzó a leer un salmo-- al oír la primera palabra: “Jehová”, ella interrumpió con voz clara diciendo: “Jehová es mi pastor, nada e faltará...” y luego “en la casa de Jehová moraré para siempre”... el Salmo 23. Personalmente fueron éstas las últimas palabras que le oí pronunciar... Poco a poco su voz se fue apagando. Si bien cuando minutos después estábamos allí todos para despedirnos, ya no pudo hablar, pero a medida que Beno decía los nombres de los presentes, nos buscaba con la vista y se esforzaba por sonreír....”

Así, el 13 de enero de 1975, a la hora en que el sol despunta sus primeros rayos, se apagó la voz de esta madre cristiana, como una vela que se consume lentamente, pero que hasta sus últimas posibilidades brilla e ilumina a quienes la rodean...  y esa luz persiste encendida a través de las épocas en cada corazón que la recuerda. El velorio se realizó en el sub-suelo de la Iglesia Adventista de Guichón y fue sepultada en la tumba donde ya estaba su esposo, en el cementerio de Guichón.

 
Raíces y primeras ramas de nuestro ARBOL GENEALÓGICO
































LA PRIMERA GENERACIÓN:
hijos de los 12 hermanos Cayrus-Davit :

Hijos de Elena:  Walter, Elbio y Gladis

Hijos de Emilio: Rita Inés, María Esther, Rubén Elías, Luis Enrique, Humberto, Eduardo, Nélida y Juan Miguel

Hijos de Pedro:  Roberto, Alida, Raquel, Héctor, Elena Constancia y Luisa Cristina

 Hijos de Paulina (Paula): Ema, Julia, Elías (Neneco), Alberto, Nelson, Esther (Poppi) y Julio

Hijos de Enrique: Carlos, Delia e Isabel.

Hijos de Margarita (Marga): Blanca Iris, Silvia Inés, Luis Alberto, Jorge Ariel, Raúl Enrique, María Angélica, Silvio Osvaldo y Luisa Ethel.

Hijos de Alina: Dora Esther, Ismael Elías, Juan Eduardo, Pedro Eloy y Julia.

Hijos de Lelia: Ofelia Raquel, Humberto Elías (Neco), Hilda Irene, Elba Gladis.

Hijos de Alda: Edgar Günther, Hugo Aldo, Sofía Constancia, Ideth Velma.

Hijos de Benoní: Marta y Jorge Eduardo.

Hijos de Esli (Lito): Ivón Eber (Cacho), Ricardo Elías y Olga Esther.

Hijos de Inés: Carlos Elías, Haroldo Abel, Myriam Mabel, Héctor Luis y