En los últimos años la Colina ha crecido notablemente. No existen limitaciones para quienes desean radicarse en ella, pues continuará siendo una colina de la esperanza. Hasta el presente se advierte una identidad fácilmente reconocida por los muchos visitantes que llegan de los más diversos puntos del país y del extranjero. La cultura de los habitantes, su religiosidad o respeto religioso, los hábitos de vida donde en general no se malgastan los recursos en los vicios corrientes, han producido una comunidad de peculiar fisonomía, expresión visible del ideal de sus habitantes.

 

El nacimiento y el crecimiento de esta localidad van de la mano con el surgimiento de la Universidad Adventista del Plata.

Corría septiembre de 1898 y un grupo de pioneros adventistas estaban reunidos por estos lugares decidiendo el futuro del accionar a seguir. En la mente de varias de esas personas estaba la idea de construir una entidad educativa cristiana que albergara a miles de jóvenes deseosos de recibir una instrucción de altos ideales.

Diez años después se vio la necesidad de crear una institución sanitaria acorde a esos principios que dieron origen a la creciente escuela, hermana mayor del hoy Sanatorio Adventista del Plata.

Conocida también como “Puiggari” o “la villa” esta es una pintoresca población enclavada en las colinas entrerrianas, sobre la costa del río Paraná.

Pedro Camarero colonizó las tierras al este del Salto del Paraíso. Por eso la primera denominación fue “Aldea Camarero”.

En 1917 se designó a la estación ferroviaria del kilómetro 22 como “Puiggari”, posiblemente en honor al científico Miguel Puiggari, galardonado durante la presidencia de Sarmiento con medalla de oro al mérito. Era doctor en ciencias físico-matemáticas y en farmacia. En 1925 se decidió que en adelante todo el lugar se llamaría Puiggari. A pesar de posteriores cambios, el uso y costumbre aún conserva esta designación.

En 1950 el gobierno nacional dispuso el cambio a “Libertador General San Martín”. Algunos sugirieron la posibilidad de llamarla “Libertador San Martín”. Por decreto Nº 5712 del 8 de noviembre de 1954 el gobernador Felipe Texier y el ministro Fernando Doval instituyeron el nombre Villa “Libertador San Martín”.

Una posterior modificación eliminó “Villa” y dejó la actual denominación “Libertador San Martín”.

Actualmente su población supera ligeramente los 5000 habitantes. Posee dos grandes industrias: la educativa y la hospitalaria o sanitaria. Efectivamente, dentro de sus límites se yerguen dos ilustres instituciones de renombre nacional e internacional: la Universidad Adventista del Plata y el Sanatorio Adventista del Plata. Estas proveen las dos grandes fuentes de trabajo de la población. El resto lo aportan el municipio local y los comercios, que viven y explotan las posibilidades que aquellas dos instituciones proveen.

Puiggari es el nombre que recibe un pequeño pueblo entrerriano, ubicado apenas a casi 4 kilómetros de Libertador San Martín, Entre Ríos. Pertenece al ejido de esta, aunque mantiene características que le son propias y distintivas de Libertador.

El uso y la costumbre han dado lugar a que todo el ejido de Libertador San Martín sea conocido como Puiggari, uso y costumbre que actualmente se conservan y, de vez en cuando, producen confusiones.

Para 1898 pocos eran los habitantes en esta zona. Había una aldea llamada Camarero, junto al arroyo Paraíso o del Medio. Vivía en este caserío Jorge Lust, donante de las primeras 17 hectáreas que sirvieron de base a la hoy Universidad Adventista del Plata.

Los primeros habitantes de esta Colina llegaron motivados por una esperanza profunda y solemne que se manifestaba en todas las acciones cotidianas. Creían con fervor que ser cristiano era vivir el cristianismo tal como está expresado en la Sagrada Biblia.

La primera edificación en esta llamada "colina de la esperanza" fue una casa sencilla que debía ser una escuela. Allí niños y jóvenes debían aprender todo aquello que los convirtiera en hombres y mujeres útiles a la sociedad y a sí mismos en esta vida.

Porque en la actualidad hay maestros (no necesariamente con una carga educativa tradicional, sino a través del ejemplo diario en el trabajo, por ejemplo) cristianos que siguen impartiendo a la juventud la certeza de que las promesas expresadas en la Santa Biblia provienen de Dios y en su momento se cumplirán. En consecuencia, esta esperanza sigue formando jóvenes que encuentran su felicidad en hacer el bien y que tienen la robustez moral que nuestra sociedad necesita en este tiempo.

La siembra de la esperanza cristiana se realiza también en la Villa en otro aspecto. En 1908, diez años después de fundado el Colegio Adventista del Plata comenzó a prestar sus servicios a la comunidad el Sanatorio Adventista del Plata, fuente de esperanza para quienes -habiendo perdido la salud- buscaban con ansias poder recuperarla. Muchas veces la pérdida de la salud del cuerpo va unida a la depresión producida por la enfermedad espiritual, que solamente las verdades del Evangelio pueden restaurar. ¡Cuántos ha encontrado salud física y esperanza espiritual en esta comunidad! Sólo contamos con una estadística muy parcial en los testimonios de muchos corazones agradecidos que han expresado su reconocimiento y lo siguen haciendo con cada visita a nuestra comunidad.